diumenge, de juny 07, 2009
El meu annus horribilis
diumenge, de maig 31, 2009
Barça independent
Ara bé, mentre no hi ha dubte que el Barça és un bon amic del nacionalisme banal, o fins i tot de l’independentisme banal, no tinc tan clar que estigui interessat en la independència. El més que un club és idoni mentre s’alimenti de (menys que) un país, però no m’imagino l’armada culer amb la mateixa potència d’ara en cas de secessió política.
Dins d’un futur Estat català, el FC Barcelona segurament s’encongiria. La seva funció substitutòria, d’ambaixador nacional torrefacte, aniria de baixa davant l’existència d’una esquadra oficial catalana; la rivalitat amb el Madrid s’ensopiria, i el sistema futbolístic català no aguantaria un colós de dimensions com les actuals. No hi hauria ni incentius, ni base, ni diners, ni necessitat per mantenir tal criatura.
Aquest no és un tema menor en l’imaginari popular, si fem cas de la gresca dels darrers dies. El dilema és tan destacat que diverses ments privilegiades s’han inventat fórmules màgiques diferents per resoldre’l. La fórmula Gabancho consistiria a apuntar el Barça a la Lliga italiana. La fórmula Junqueras, crear una autèntica Lliga europea, i que les Lligues estatals operessin com les divisions regionals d’avui. I molts altres, n’estic segur, apostarien per la fórmula “ni França, ni Espanya, Barça”, que consistiria a proclamar la independència del club i deixar-se de maldecaps polítics.
T’ho miris com t’ho miris, qui més hi sortiria guanyant, en una Catalunya rica i plena, no seria l’univers culer. Si voleu un argument futboler per aspirar a la independència, més val posar l’accent en el Madrid –que hi perdria gairebé tant com el seu etern rival, perquè a la força també s’arronsaria.
dissabte, de maig 30, 2009
El sexo pierde al Vaticano
REPORTAJE
El sexo pierde al Vaticano
Las violaciones y sevicias descubiertas en Irlanda se han producido en otros muchos países - La jerarquía católica practica una política de secretismo y ocultación
Lo sucedido en Irlanda se ha producido en otros muchos países. En España hay numerosas denuncias, con media docena de condenas judiciales contra sacerdotes pederastas. Pero es difícil conocer la magnitud del problema, dada la tendencia de la jerarquía a ignorar, e incluso tapar, los escándalos. Las instrucciones del Vaticano son sintomáticas. Ante cualquier denuncia, hay que asegurar la reserva total, dice una instrucción de 1962.
Cuando Dante Alighieri describió en la Divina Comedia el sufrimiento, en lo más hondo del Infierno, de numerosos sodomitas, se detuvo sobre todo en un grupo de sacerdotes libertinos. También encuentra allí a un obispo de Florencia. El poeta se cansa pronto de ajustar cuentas "ante pecado tan notorio". "Saber de alguno es bueno / de los demás será mejor que calle / que a tantos como son el tiempo es corto", se disculpa (Canto XV).
Por entonces, se castigaba severamente a los eclesiásticos de vida depravada. Un decreto papal de 1568, titulado Horrendum, ordenó que "los sacerdotes que abusen serán privados de todos los oficios y beneficios, y entregados a los tribunales seculares para su castigo". Se ha incumplido con escandalosa frecuencia.
El caso más notorio es la protección de Juan Pablo II al fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Durante décadas, Maciel y algunos de sus lugartenientes sometieron a abominables abusos a cientos de muchachos, especialmente en el seminario de Ontaneda (Cantabria). Sólo tras la muerte del Papa polaco, en 2005, el famoso pederasta fue apeado de su enorme poder, con la orden tajante de alejarse de Roma. Se recluyó en México. Fue su único castigo en vida. Falleció ahora hace un año.
El primer escándalo por ese comportamiento encubridor se produjo en Italia en una de las escuelas pías del aragonés José de Calasanz. Fundador de la Orden de Clérigos Regulares Pobres, conocidos ahora como escolapios, Calasanz reprimió la divulgación del abuso sexual de niños por sus sacerdotes. Pagó por ello. Uno de los pedófilos, el padre Stefano Cherubini, tuvo tanto éxito en el encubrimiento de sus delitos que incluso llegó a ser superior de la orden, arrinconando al fundador. La orden fue clausurada por Inocencio X. Calasanz murió a los 91 años en Roma, todavía en desgracia. Ocho años después, Alejandro VII lo rehabilitó. Fue hecho santo en 1767.
El sexo fue un asunto desprovisto de importancia para los primeros cristianos y es prácticamente ignorado por san Pablo (el temperamental apóstol llegó a decir que "es mejor casarse que abrasarse"). Pero pronto se impuso la idea de que el celibato era superior, el matrimonio inferior, y el sexo, en consecuencia, un acto perverso. Fue el obispo Ambrosio de Milán (373-397) quien desbrozó el camino. Hombre "imponente", según san Agustín (por su sabiduría y porque "leía sin hablar", un hábito desconocido en el mundo clásico), Ambrosio impuso el criterio de que la vida conyugal era incompatible con una carrera en la Iglesia. "Incluso un buen matrimonio es la esclavitud", dijo. De ahí al celibato obligatorio de los eclesiásticos quedaba un paso, entre agrias disputas.
La pertinaz decisión de ocultar o proteger las desviaciones sexuales de los clérigos disolutos, incluso cuando son delictivas, tiene que ver con el concepto heroico que los eclesiásticos tienen de sí mismos. "La Iglesia es una preciosa élite de superhombres porque el espíritu actúa en ellos. Hay que defenderla de la contaminación, venga de donde venga", predica Tertuliano.
Julio Pérez Pinillos, ex presidente de la Federación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados (FISCC), cree que el escándalo de los abusos sexuales por sacerdotes "remite a la inconveniencia de mantener esa ley eclesiástica medieval y no evangélica". "El celibato obligatorio favorece relaciones clandestinas, y da pie a abusos que sufren sobre todo los menores, las mujeres y la descendencia cuando se da. Qué buen servicio haría a la claridad evangélica y al merecido buen nombre de muchos sacerdotes y religiosos y religiosas entregados a las comunidades cristianas la revisión de esa ley del celibato, formulada a mediados del siglo XII".
Emilia Robles Bohórquez, de la organización Proconcil, subraya, por su parte, que "no es toda la Iglesia quien delinque", pero que compete a toda la Iglesia, "con valor, transparencia y energía, afrontar el hecho". Añade: "Dada la gravedad de las situaciones, hay que revisar la manera de afrontar la sexualidad, pero antes urge limpiar y desinfectar los sótanos de algunas instituciones que, lejos de lo que dicen ser, son, con demasiada frecuencia, nidos de bichos". Robles cree que en ese empeño de limpieza, la jerarquía necesita "colaborar con las instituciones civiles y alejarse de complicidades y victimismos".
Pese a que fue entre los esclavos, los humildes y las mujeres entre quienes primero se propagó el cristianismo, la agresiva tradición antifeminista avanza pronto en la nueva organización eclesiástica. Es ese desprecio a la mujer, incluso el aborrecimiento, por donde se ha colado el afán de dominación y todo tipo de abusos, sobre todo sexuales. No es posible comprender esos comportamientos prepotentes sin escuchar a los padres de la Iglesia proclamando la abyección de la mujer y el sexo. Así se explica, también, que las principales víctimas, por millares, de la Santa Inquisición fuesen mujeres, arrastradas a la hoguera por brujas o portadoras de pecado.
Había dicho, por ejemplo, san Juan Damasceno: "La mujer es una burra tozuda, un gusano terrible en el corazón del hombre, hija de la mentira, centinela del infierno". Y santo Tomás de Aquino: "La mujer es un hombre malogrado. Un ser ocasional: sólo el hombre ha sido creado a imagen de Dios". O Alberto Magno: "La mujer es un hombre ilegítimo y tiene la naturaleza incorrecta y defectuosa". Incluso el gran Agustín, obispo de Hipona, sostuvo que "el marido ama a la mujer porque es su esposa, pero la odia porque es mujer", y que "nada hay tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer". ¿Hablaba por experiencia? Padre de un chico al que llamó Deodato (dado por Dios), repudió a la madre sin contemplaciones para hacer carrera eclesiástica.
Otro cantar es la homosexualidad entre el clero cuando se convierte en signo de poder o antesala de abusos pedófilos. Sostiene Ramón Teja, presidente de la Sociedad de Ciencias de las Religiones y catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Cantabria: "Era lugar común en la literatura ascética de la antigüedad que la decadencia del monacato se produjo por la presencia de jóvenes en los cenobios. Lo advertían los padres del desierto con dichos como éstos: 'Un diablo fue a golpear a la puerta de un cenobio y vino un joven a abrirle. El demonio, al verle, dijo: Si estás tú aquí no hay necesidad de mí'. Para los monjes, los jóvenes, más que las mujeres, son un lazo del diablo". Otro dicho de época: "Donde hay vino y jóvenes no se necesita a Satanás".
Teja ve en los casos de abuso un hilo conductor común: la idea de que el sexo no cuadra bien con lo sagrado. "No he encontrado textos que reflejen mayor tolerancia hacia la fornicación homosexual que hacia la heterosexual, pero es reveladora esta sentencia que parece reflejar una cierta graduación de pecados: 'El monje no debe cultivar la amistad con un joven, ni el trato con una mujer, ni tener amistad con un hereje".
Las cosas no han mejorado en la actualidad. Todavía en 2001 el teólogo redentorista Marciano Vidal fue castigado por la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio de la Inquisición) por considerar la sexualidad humana como "un lujo de la naturaleza" (la persona, un ser sexuado, un modo de percibir al otro, etcétera), y por entender las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad o la masturbación. La severa notificación inquisitorial contra el gran moralista español lleva la firma del cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI.
El libro de Marciano Vidal Moral de actitudes es una referencia imprescindible para comprender las agitadas relaciones del cristianismo con el sexo y la mujer. Vidal recuerda en Moral del amor y de la sexualidad que "castidad" procede de "castigo" ("que la razón impone a la concupiscencia domándole como a un niño", escribe santo Tomás de Aquino).
Marciano Vidal, por cierto, subraya la indulgencia con que el buen san Alfonso contempla un escote (ubera) de mujer. "Pectus non est pars vehementer provocans ad lasciviam" ("El pecho no es parte que provoque vehementemente la lascivia"), escribe el fundador de los redentoristas. Hay una simpática anécdota del papa Juan XXIII ante la exuberante Sofía Loren. Cuando era nuncio en París, el carismático Papa del Concilio Vaticano II se encontró en un acto oficial con la actriz italiana, que lucía generoso escote. "¡Benedetto, quel Calvario!", suspiró con sonrisa desarmante, para regocijo de los presentes. Fue beatificado por Juan Pablo II en el año 2000.
El argumento libidinoso se sostiene muchas veces para expulsar del sacerdocio a la mujer. Se lo recuerda Umberto Eco al cardenal Carlo Maria Martini en el diálogo publicado con el título ¿En qué creen los que no creen? Eco dice al cardenal que Tomás de Aquino usa el argumento propter libidinem (a causa de la lujuria) porque si el sacerdote fuese mujer, los fieles (varones) se excitarían al verla. Rebate Eco: "Dado que los fieles son también mujeres, ¿qué ocurre entonces con las muchachitas que podrían excitarse ante un cura guapo?". El autor de El nombre de la rosa recuerda al prelado las páginas de Stendhal en La Cartuja de Parma sobre los fenómenos de incontinencia pasional suscitados por los sermones de Fabrizio del Dongo.
dilluns, de maig 18, 2009
MANIFESTO: Together facing the new totalitarianism
After having overcome fascism, Nazism, and Stalinism, the world now faces a new global totalitarian threat: Islamism.
We, writers, journalists, intellectuals, call for resistance to religious totalitarianism and for the promotion of freedom, equal opportunity and secular values for all.
Recent events, prompted by the publication of drawings of Muhammad in European newspapers, have revealed the necessity of the struggle for these universal values.
This struggle will not be won by arms, but in the ideological field.
It is not a clash of civilisations nor an antagonism between West and East that we are witnessing, but a global struggle that confronts democrats and theocrats.
Like all totalitarian ideologies, Islamism is nurtured by fear and frustration.
Preachers of hatred play on these feelings to build the forces with which they can impose a world where liberty is crushed and inequality reigns.
But we say this, loud and clear: nothing, not even despair, justifies choosing darkness, totalitarianism and hatred.
Islamism is a reactionary ideology that kills equality, freedom and secularism wherever it is present.
Its victory can only lead to a world of injustice and domination: men over women, fundamentalists over others.
On the contrary, we must ensure access to universal rights for the oppressed or those discriminated against.
We reject the "cultural relativism" which implies an acceptance that men and women of Muslim culture are deprived of the right to equality, freedom and secularism in the name of the respect for certain cultures and traditions.
We refuse to renounce our critical spirit out of fear of being accused of "Islamophobia", a wretched concept that confuses criticism of Islam as a religion and stigmatisation of those who believe in it.
We defend the universality of the freedom of expression, so that a critical spirit can exist in every continent, towards each and every maltreatment and dogma.
We appeal to democrats and free spirits in every country that our century may be one of light and not dark.
Ayaan Hirsi Ali
Chahla Chafiq
Caroline Fourest
Bernard-Henri Levy
Irshad Manji
Mehdi Mozaffari
Maryam Namazie
Taslima Nasreen
Salman Rushdie
Antoine Sfeir
Philippe Val
Ibn Warraq
dimecres, d’abril 29, 2009
Hypatia de Alejandría, la primera mujer astrónoma
Brillante y de gran belleza, es la primera fémina dedicada a la ciencia cuya vida está bien documentada
ROSA M. DOMÍNGUEZ QUINTERO 29/04/2009
Aunque no se cuenta con datos sobre la madre de Hypatia, sí sabemos que su padre fue el filósofo y matemático Teón de Alejandría, quien siempre vigiló muy de cerca su educación. Según registros de la época, éste deseaba que su hija fuera "un ser humano perfecto". Recibió así Hypatia una educación científica muy completa, dedicándose también a un exhaustivo cuidado de su cuerpo. Realizaba todos los días una rutina física que le permitía mantener un cuerpo saludable así como una mente activa. Todo esto contrastaba con la gran mayoría de mujeres de su época, las cuales no podían acceder ni al conocimiento ni a la educación, y se ocupaban sólo a las "tareas femeninas". Pese a su gran belleza, Hypatia rechazó casarse, para poder dedicarse íntegramente a cultivar su mente.
Su padre trabajaba en el Museo, institución fundada por Tolomeo (emperador que sucedió a Alejandro Magno y fundador de la ciudad de Alejandría) y dedicada a la investigación y la enseñanza. Este Museo tenía mas de cien profesores que vivían allí y muchos más que asistían periódicamente como invitados. Hypatia entró a estudiar con ellos y, aunque viajó a Atenas e Italia para recibir algunos cursos de filosofía, se formó como científica en el propio Museo y formó parte de él hasta su muerte. Incluso llegó a dirigirlo alrededor del año 400. También obtuvo la cátedra de filosofía platónica, por lo que sus amigos le llamaban "la filósofa". Hypatia cultivó varias disciplinas: filosofía, matemáticas, astronomía, música... y durante veinte años se dedicó a enseñar todos estos conocimientos.
Paganismo
De este modo, Hypatia se convirtió en una de las mejores científicas y filósofas de la época. Llegó a simbolizar el conocimiento y la ciencia que los primeros cristianos identificaron con el paganismo. Aquellos eran tiempos difíciles para los paganos, ya que el cristianismo se estaba imponiendo en Alejandría (que en aquellos tiempos estaba bajo domino romano). Fueron épocas de persecución para todo aquel que no se convirtiera al cristianismo y renegara de todos los conocimientos adquiridos. Hypatia se negó a traicionar sus ideas y convertirse al cristianismo por lo que fue acusada de conspiración contra el líder cristiano de Alejandría. Dicha acusación fue aprovechada por un grupo de fanáticos religiosos que, de una forma cruel, pusieron fin a su vida.
Fue asesinada brutalmente, mientras regresaba a casa en su carruaje, la golpearon y arrastraron por toda la ciudad. La desnudaron, la descuartizaron con conchas marinas y sus restos fueron paseados, en señal de triunfo, por toda la ciudad hasta llegar al Ciraneo (supuestamente el crematorio) donde los incineraron.
Legado científico
Aunque todos sus escritos se han perdido, existen numerosas referencias a ellos. Su trabajo más extenso fue en álgebra. Escribió un comentario sobre la Aritmética de Diofanto (considerado como el padre del álgebra) en el que incluía soluciones alternativas y nuevos problemas. También escribió, en ocho libros, un tratado sobre la Geometría de las Cónicas de Apolonio (a quien se deben los epiciclos y deferentes para explicar las órbitas irregulares de los planetas). Colaboró con su padre en la revisión, mejora y edición de los Elementos de la Geometría de Euclides, cuya edición es la que aún se emplea en nuestros días, escribiendo un tratado sobre el mismo.
Escribió un Canon de Astronomía, dedicándose además a realizar la revisión de las Tablas Astronómicas de Claudio Tolomeo, conocidas por su inclusión en el Canon Astronómico de Hesiquio. También cartografió diversos cuerpos celestes, confeccionando un planisferio.
Además de la filosofía, matemáticas y astronomía, se interesó por la mecánica y las tecnologías prácticas. En las Cartas de Sinesio están incluidos sus diseños para varios instrumentos, incluyendo un astrolabio plano, que nos sirve para medir la posición de las estrellas, los planetas y el Sol. También desarrolló un aparato para la destilación del agua, así como un hidroscopio para medir la presencia y el nivel del agua, y un hidrómetro graduado de latón para determinar el peso específico de los líquidos. Por último, se la supone inventora del aerómetro, instrumento que se usa para medir las propiedades físicas del aire u otros gases.
Rosa M. Domínguez Quintero, Observatorio Astronómico de Cantabria (IFCA-CSCI-UC)
dilluns, d’abril 27, 2009
Películas para tiempos de epidemias
dijous, d’abril 23, 2009
Reduce, Reuse, Religion?
Reduce, Reuse, Religion?
Jonathan Merritt doesn’t want to talk about his own views on gay marriage or civil unions -- perhaps for good reason. Merritt is a young evangelical leader, a prominent writer on modern faith, and the son of a former Southern Baptist Convention president. The religious landscape of this country may be changing, but anyone who espouses equality could derail a future leadership role among evangelicals, who still vote overwhelmingly Republican and have viewed homosexuality as a defining social issue since the early days of the Moral Majority. Merritt prefers to zoom out during an interview and opine as candid observer rather than crusader.
My generation will not fight to preserve the platform for traditional marriage that our predecessors have fought for,” the 26-year-old says. “Older evangelicals are so stubborn and unable to compromise or reach out a hand. And they’re in danger of losing their legacy.”
Whatever his personal beliefs on marriage equality are, you’re not likely to hear him rail against a gay rights agenda in the vitriolic vein of Pat Robertson or James Dobson. On his blog Merritt criticizes a Starbucks-addled American culture that ignores the atrocities in Darfur. He renounces the use of torture. Most notably, Merritt recognizes the burden of 6.7 billion people on the world’s ecosystems and chastises Christians who don’t view conservation and carbon footprint reduction as godly mandates. “Environmental stewardship has been integrated into Christian thought since the beginning of time,” he says. “Unfortunately, when modern evangelicals began associating themselves with a particular political faction, they were skittish about issues seen as leftist or liberal policy.”
Merritt is not alone in his convictions. Over the past decade, a growing number of young U.S. evangelicals have started to shift the movement’s focus from a two-pronged ministry against abortion and gay rights to a more holistic worldview that addresses environmental issues under the banner of “creation care.” Scripture remains sacred, and sin and salvation are not trivial matters of the heart. But where their elders may preach about moral turpitude with a fundamentalist’s zeal, the new generation’s members are more inclined to accept ambiguity.
The real issues, they say, are climate change, mercury poisoning, and destructive coal-mining practices. Multiple religious environmental organizations echo the sentiment, and even commerce has caught up with the movement: You can now read Scripture passages from the Green Bible, a text released in October that underscores environmentally tinged verse in green, soy-based ink, printed on recycled paper. “So much of the [evangelical] agenda has come from the modern consciousness of the individual,” says Matthew Fox, an Episcopal priest and theologian in Oakland, Calif. “Am I saved? Am I a sinner? Am I going to hell? But I think this generation has grown up with the realization that the planet is dying and that its survival is a little more important than whom people sleep with.”
Though generational differences are inevitable in many groups, young evangelicals are currently changing the sociological fabric of their churches. They are more likely to have gone to college than their parents, and they have increasingly grown up in middle-class suburban households rather than rural, lower-income areas, says John C. Green, a senior fellow at the Pew Forum on Religion and Public Life. “The evangelical community is not as insular,” he says. “There was a time when evangelicals tried to separate themselves from society. Now they’re moving toward the mainstream.”
Nor are they necessarily the “values voters” in lockstep with the GOP. Many see the war in Iraq and the erosion of environmental regulations as hallmark disappointments of the Bush administration, which carried 78% of the evangelical vote in the 2004 presidential election. Though Sen. John McCain carried a solid majority of evangelicals last year, 32% of those voters between the ages of 18 and 29 voted for Barack Obama -- twice as many as voted for John Kerry in 2004.
Leif Bergerud, a 28-year-old divinity student at Duke University, believes Bush’s pro-oil environmental policies often belied his persona as a man of God. Sarah Palin was hardly a political remedy: The vice-presidential nominee’s socially conservative worldview and “drill, baby, drill” mantra may have been a Republican attempt to galvanize evangelicals unenthusiastic about a moderate McCain presidency, but the rhetoric disenchanted many, he says. “Most of us know we’ve gotten to the point where the science behind [climate change] is just indisputable,” Bergerud says. “We’re playing a role in altering our climate for the worse.”
On hot-button social issues, young evangelicals are a mixed bag. While most remain steadfastly anti-abortion, a majority are likely to support legal recognition for gay and lesbian relationships. According to a 2008 study, 58% of white evangelical Christians aged 18–29 support either marriage or domestic partnerships for same-sex couples, compared with 46% of evangelicals over 30.
Merritt says it’s easy to see why. Four out of 10 evangelical youths say they have a close friend or family member who is gay, twice as many as their older counterparts. When the issue becomes personal, attitudes change. “Many older [evangelicals] are in disbelief when you quote that statistic,” he says. “One man said to me, ‘Well, I have a cousin who is gay.’ I told him the difference is that I hang out with my friends who are gay on Friday nights. You just see your cousin at Christmastime.”
But espousing progressive beliefs on gay rights and climate change remains a gamble in evangelical leadership circles. Richard Cizik, former vice president for governmental affairs at the National Association of Evangelicals, is an illuminating example. As one of the movement’s most outspoken environmentalists, Cizik long drew fire from Christian conservatives who attacked his “relentless campaign” on climate change, according to a 2007 letter to the NAE calling for Cizik’s resignation (Tony Perkins of the Family Research Council, James Dobson of Focus on the Family, and Alan Chambers of Exodus International were among the 25 signatories). “We have observed that Cizik and others are using the global warming controversy to shift the emphasis away from the great moral issues of our time,” the letter read, “notably the sanctity of human life, the integrity of marriage, and the teaching of sexual abstinence and morality to our children.”
Cizik held on to his job, but his “shifting” views on same-sex relationships were the ammunition his detractors needed for the kill. In a December interview with Terry Gross on NPR’s Fresh Air, Cizik said he believed in civil unions for gays and lesbians, though he did not support marriage equality.
“We have become so absorbed in the question of gay rights,” Cizik told Gross, “that we fail to understand the threats to marriage itself -- heterosexual marriage. Maybe we need to reevaluate this.”
Cizik resigned his position under pressure nine days after the interview aired. He later called his comments on civil unions “misunderstood,” and he drew fire from gay rights activists for signing a full-page ad in The New York Times decrying “antireligious bigotry” against churches that publicly supported the passage of Proposition 8, California’s anti–marriage equality ballot measure. (Through a spokeswoman, Cizik declined to be interviewed for this article.) Leith Anderson, president of the NAE, says in an e-mail response that the organization’s stance on creation care remains the same, that a “God-given dominion is a sacred responsibility to steward the earth and not a license to abuse the creation of which we are a part.”
When word of Prop. 8’s passage finally reached his group, Illyn and his students were dismayed -- even if some in the group had reservations about marriage equality. “While people were spending millions of dollars in support of Prop. 8, we were visiting communities where 90% of the people surveyed had had their gallbladders removed, where an elementary school is located 400 yards from a toxic earthen dam, where the water is undrinkable,” he says. “Now, where is the outrage from evangelical leaders for these people? Why aren’t we spending millions to protect innocent children from pollution?”
Today’s evangelicals are not a unified front of “tree-huggin’ Christians,” as Illyn bellows on his voice-mail greeting. Like many of their leaders, they are skeptical about global warming and its causes. And like most Americans, they don’t consider the environment to be among the nation’s most pressing concerns. In the coming years, this may change. “Numerically, it’s not at critical mass yet, but all signs indicate it will be,” Illyn says. “There’s always an internal struggle for defining the priorities in the hearts and minds of Christians. This is a great example.”