divendres, de febrer 09, 2007

Cosas ochentosas

México, los años ochenta: década terrible en muchos aspectos. Crisis económica, grave y profunda que dejó sin muchas opciones al país. Se vivían los estertores de un sistema político único, monolítico y cancerígeno. El país era asolado por terremotos y huracanes devastadores. La "cultura" era dominada por el pensamiento unificador, arcaico, retardatario, ultraconservador, racista e hipócrita de Televisa, el monopolio de la televisión mexicana.
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En medio de tanto oscurantismo hubieron músicas y personajes que hacían la vida más llevadera, incluso dentro del sistema ardientemente conservador de la sociedad mexicana. Entre las divertidas aberraciones de aquellos entonces se encuentran:
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Lucía Méndez, gran diva de la televisión mexicana (hasta antes de su defenestración por cambiar de televisora), protagonista de algunas de las más exitosas telenovelas setenteras y ochenteras, cantaba, o para decirlo de otra manera, grababa discos, que a veces se vendían en cantidades industriales. Hacia 1988 se realizó el culebrón "El extraño retorno de Diana Salazar", situado en dos mundos paralelos; el siglo XVII novohispano y el contemporáneo. El atractivo era que cuando la susodicha entraba en trance se le ponían los ojos color amarillo cadmio. La cosa era kitsch, y francamente muy entretenida. El video tema de la antedicha comedia se llamó "Un alma en pena", escrita nada más ni nada menos que por Juan Gabriel, diva suprema de la canción popular mexicana. El video se defiende bastante bien pese a las casi dos décadas de antigüedad. Disfrutadlo.


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Timbiriche fue el grupo infantil-juvenil que definió a todos los que vivieron su auge. La agrupación ha sido un semillero de estrellas, algunas internacionales, como la Paulina Rubio o la Thalía. Se creía que los más talentosos niños de la agrupación, Benny Ibarra, Sasha Sökol o Erick Rubín serían los más que más posibilidades tendrían de triunfar en carreras solistas. Lo que en realidad es que quizá la menos talentosa, pero más ambiciosa y aún mejor mercadóloga, Pau Rubio, es la que ha reído al último. Vende millones y es famosa y admirada a lo largo y ancho del mundo hispanoparlante (aunque halla pocos que lo admitan). El himno de finales de los ochenta, "Tu y yo somos uno mismo" se lo sabe de memoria cualquier criatura mexicana de 30 años y más.


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